Vida!

 Una persona permanece encerrada en su habitación, una habitación sola, muy solitaria. Con una cama amplia, una sola almohada; una silla táctica que compró en sus años que estuvo en la infantería de marina, toda gastada; una silla donde nunca se sienta por tenerla ocupada de carpetas con papeles del seguro, hojas de vida y más... una gorra colgada arriba de su cama, un escaparate donde guarda su ropa y cosas importantes para él, como libros, una alcancía donde guarda dinero, pañales de emergencia para cuando trae a su hija, su única hija de tan solo 4 años y ella, aquella niña, es su ser más amado, con quién piensa siempre de día y de noche, su único motivo de seguir viviendo, su única alegría. Ella, su hija, de tan solo 4 añitos es el único ser que al estar a su lado, siente felicidad. En su cuarto, su rinconcito pequeño que para él es como un palacio, ahí, en ese lugar es donde pasa la mayoría de las veces metido cuando no está trabajando. Tiene una televisión que prende muy rara vez; un parlante que una vez funcionaba y él, lo conectaba en su teléfono celular y colocaba con un volumen no tan ruidoso, su música favorita... A quién no le puede gustar los poemas de los primeros álbumes de King Crimson, la suave y a veces dura música de Pink Floyd, las largas suites de Mike Oldfield, y como no, también está Beethoven, Mozart, Vivaldi, Chopin, Bach, Tchaikovsky... Compositores de música clásica que le encanta. Y por supuesto, también está Enya, Vangelis, Camel y otro sin fin de artistas, buenos artistas, que en su época fueron famosos y aún algunos ya no existen pero su música suena y perdura por los siglos de los siglos escuchados por el buen oido de los amantes de aquella buena música que nunca pasará de moda. Todo ese repertorio y mucho más escuchaba en su parlante que una vez, en su pequeña habitación sonaba y él escuchaba y aún escucha sin ninguna interrupción. Su parlante, aunque todavía lo tiene, ya no puede hacer sonar aquella música fantásticas. Un día dejó de sonar, entonces lo desarmó para saber si podía arreglarlo, pero, ahí quedó... En un rincón de su cuarto sigue desarmado sin poder hacer sonar las grandes melodías que hacen feliz su corazón. Solo en su televisor, o en su teléfono puede seguir oyendo esa bella música, pero no es lo mismo cunado la escuchaba en su buen parlante. Al frente de su cama tiene un ventilador, que es su refrescante cuando está en su rincón. Metido en su armario tiene una serie de libros y unos cuadernos donde él escribe algunas notas o una autobiografía, que algún día, cuando la haya terminado, puede que vaya a publicar. Mientras tanto, aquel cuaderno sigue ahí, con algunas líneas ya escritas por nuestro gran héroe. En su pequeño rincón, muchas veces nuestro héroe, acostado o sentado en su cama, piensa, piensa muchas cosas. En su hija, en sus padres, en su vida, así es, la mayoría de personas, como él, piensan en su vida. Él piensa en eso, su vida... ¿Cómo cambiar el rumbo de su vida? Porque no le gusta nada de lo que está viviendo ¿Que puedo hacer para darle lo mejor a mi pequeña hija? Eso piensa. Su hija vive con su madre en la misma ciudad, en un barrio a 6 minutos, que es lo que tarda en llegar de su casa a donde vive su hija, en moto. Su moto, una moto negra que lo ha acompañado desde que tenía 28 o 29 años  y que aún la conserva. En esa moto, llega a la casa de su ex mujer a ver su hija, su más preciado tesoro. 


En su corazón está el remordimiento, aquel remordimiento que hace sufrir a los que se han enamorado tanto y sufren por dejar perder a aquel ser amado que un día, en sus tiempos de crisis no supieron conservar -¿Porqué no me perdonó? Se pregunta nuestro héroe. Sé que actúe con bastante furia, que peleamos y se me subieron los humos, la lastimé, le dije cosas horribles, cosas que la lastimaron mucho; actué casi como si tuviera un demonio dentro y aquel demonio me estuviera manipulando y riéndose de mi como un títere, su títere y así, actué sin razón... No razoné, no pensé que de un momento a otro, aquella mujer que admití en mi vida y que quise tanto con mucho amor, con mucho cariño, respeto y que un día le ofrecí que siempre íbamos a ser felices juntos... No imaginé que por ese estallido de furia. Todo, lo que comenzó como una novela de amor, iba a acabar como una historia sentimental y que su protagonista, señoras y señores, iba a terminar en su cuarto, su pequeño rinconcito dónde día y noche, cuando no está en el trabajo, imagina aquellos momentos inolvidables ocurridos junto a su bella amada y su pequeña hija, momentos que el tiempo no puede borrar; porque lo que es bello, la mente no lo borra, esos momentitos quedan ahí guardados como esferas en lo más recóndito de la mente donde nada ni nadie, aquellos recuerdos, nadie, ni el golpe en la cabeza más fuerte puede borrar. Quizá me equivoco o no, hay seres que han perdido la memoria, pero no se ha llegado a saber si la han perdido por completo y esos recuerdos tan agradables de aquellas personas que pierden la memoria estén ahí, esperando que llegue el momento de volver a recordar o nunca más los vuelva a recordar. En el caso de nuestro heroe, sus recuerdos aún siguen intactos, como un álbum de fotos guardado por la abuela en lo más profundo de su armario. Y lo que es peor, aquel momento, el momento de la ruptura con su amada, aquellos ataques de furia que tuvo con su hija y su ex mujer siguen ahí vigentes en su memoria recordando lo desastroso que fue esa inútil acción.  

Nuestro héroe en un ataque de culpa, pidió perdón, aquella palabra que para muchas personas es difícil pronunciar y algunos cuando lo hacen, lo hacen con la mentira en su mente y su corazón, pero nuestro héroe es diferente, aquel perdón de nuestro protagonista fue con mucha razón, con mucho sentimiento. Ahora queridos lectores déjame decirles que vivimos en una época, en pleno siglo XXI donde para muchos, es difícil perdonar. El orgullo puede más que el perdón, ese orgullo ha estallado guerras, hambre, burlas y también, ese orgullo ha quebrado amores, roto familias enteras por no creer en el perdón y que un ser humano puede cambiar su forma de ser con tal de que su familia siga unida y no sufrir las consecuencias de una ruptura, es muy fuerte, cuando se ha amado con verdadera pasión, una ruptura puede llegar a ser lo más desastroso que le pueda ocurrir a dos seres que durante 4 años compartieron bellos amaneceres, hermosos atardeceres, noches brillantes y un sinfín de ocasiones que no se saben si vuelvan o nunca volverán.



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